Entrevista a Francisco José Balsera, experto en inteligencia emocional y enseñanza de la música

Hoy tenemos el honor de entrevistar en nuestro blog a Francisco José Balsera, Profesor de Piano en el Conservatorio Profesional de Música de Zaragoza, Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación y Experto Profesional en técnicas psicológicas para el control del estrés.
 
 
 
El Regalo Musical ¿Cómo fueron sus inicios musicales?
 
Francisco José Balsera Vengo de una familia con tradición musical. Mi abuelo paterno era músico militar y desde muy pequeño mostré inquietud por el canto y los instrumentos. Recuerdo que con seis años asistía todos los sábados a un curso de música y movimiento que se impartía en el colegio como actividad extraescolar. A los ocho años me matriculé en el conservatorio de Zaragoza en la especialidad de Piano. En toda mi infancia la música jugó un papel fundamental.
 
 
 
E.R.M. ¿Qué relación existe entre la música y la inteligencia emocional?
 
F.J.B. Música e inteligencia emocional están estrechamente relacionadas. Siempre he pensado que la música es un arte indispensable para desarrollar la inteligencia emocional. Como dice uno de mis grandes maestros, el Dr. Luis Prensa, la música nos produce una experiencia estética que expresa emociones y sentimientos. Es tal su poder que nos afecta fisiológica, mental y emocionalmente.
 
Además, las emociones son inherentes a la naturaleza humana, como lo son también los elementos constitutivos de la música (ritmo, melodía, armonía y forma). Siguiendo al pedagogo Edgard Willems podemos afirmar que la educación musical constituye un medio idóneo para desarrollar las facultades humanas, entre las que se encuentran las habilidades emocionales. Tengo la convicción de que la educación musical mejora las aptitudes cognoscitivas, motoras y emocionales de los estudiantes. 
 
 
 
E.R.M. ¿Considera que el docente debe aplicar la inteligencia emocional en el aula?
 
F.J.B. Por supuesto que sí. Si  volvemos la mirada a nuestra etapa escolar o a la educación secundaria vendrán a nosotros recuerdos de profesores a los que les guardamos mucho cariño. Puede que esos profesores fueran muy exigentes, que pusieran exámenes difíciles, pero a pesar de eso nos encantaban. Al analizar en mayor profundidad la situación, es probable que nos demos cuenta de que esos docentes hacían uso de prácticas educativas que intervenían en nuestro desarrollo emocional. Lo que quiero decir es que los profesores que dejan huella son los que con su actuación docente repercuten en el desarrollo emocional de sus estudiantes.
 
Es necesario implementar en el aula de música programas de intervención que con una metodología adecuada permitan a los estudiantes, por una parte, desarrollar su inteligencia emocional, y por otra, mejorar sus competencias musicales.
 
 
 
E.R.M. Es autor del libro Inteligencia emocional y enseñanza de la música, ¿qué ideas quiere transmitir en dicha publicación?
 
F.J.B. Este libro es el resultado de una larga investigación que llevé a cabo bajo la tutela del Dr. Domingo Gallego, profesor y buen amigo. Nuestro objetivo es doble: mejorar las habilidades musicales de los alumnos y potenciar sus destrezas emocionales. El libro se ha concebido como un texto práctico en el que presentamos actividades y plantillas de trabajo que hemos utilizado en las aulas de Piano y de Música de Cámara (aunque pueden extrapolarse a otras especialidades instrumentales). Estos ejercicios están basados en las competencias emocionales: autoconocimiento, autocontrol, motivación, empatía y habilidades de comunicación. Es un punto de partida que invita al docente a poner en práctica su imaginación pedagógica. 
 
 
 
 
E.R.M. Usted es Profesor de Piano en el Conservatorio Profesional de Música de Zaragoza y Director del Curso virtual Inteligencia emocional y enseñanza de la música, ¿qué le aporta la docencia?
 
F.J.B. Para mí la docencia lo es todo. Desde que entré a estudiar música de forma reglada mi objetivo fue ser profesor de conservatorio. Recuerdo claramente decírselo a mis padres con tan solo ocho años. Soy afortunado al haber cumplido mi sueño.
 
Educar implica compromiso, tener una mentalidad flexible y abierta al cambio, ser sensible a las necesidades de los alumnos, conocer sus puntos fuertes y débiles (potenciando los primeros y mejorando los segundos), estar en contacto continuo con las emociones para generar empatía, aspecto básico si queremos que los alumnos actúen con creatividad y eficacia. En definitiva, un buen educador debe ser un líder y liderar es una tarea claramente emocional.
 
 
 
E.R.M. ¿Qué consejos daría a los jóvenes estudiantes de música para superar la ansiedad escénica?
 
F.J.B. Lo primero que les diría es que tener algo de ansiedad antes de un concierto es algo positivo porque nos hace estar alerta. El problema surge cuando ese miedo nos paraliza, nos incapacita para tocar. En cierto modo tener ansiedad antes de una actuación es normal porque todos tenemos miedo al fracaso, al qué dirán, a no estar a la altura de las circunstancias. Todos queremos ser reconocidos y aceptados por los demás y el temor a no serlo, en el entorno de la formación musical, trae como resultado la “ansiedad escénica”.
 
Entre las técnicas psicológicas para el control de la ansiedad escénica siempre recomiendo realizar una buena reestructuración cognitiva, esto es, aprender a cambiar los pensamientos negativos e irracionales por otros positivos y de origen racional. Los pensamientos negativos que tienen los músicos antes, durante y después de un concierto son los que más dañan su autoestima. La buena noticia es que al tratarse de comportamientos aprendidos, pueden desaprenderse. Si a esto añadimos el trabajo en técnicas de relajación o la utilización de autoinstrucciones podemos llegar a dominar mejor el grado de ansiedad percibida. 
 
No obstante, un punto básico para vencer la ansiedad es exponerse a la situación ansiógena, esto es, dar oportunidades a los alumnos para que toquen frecuentemente ante el público. 
 
 
 
E.R.M. ¿Qué importancia cree que tiene la música en la educación en valores?
 
F.J.B. La música es una herramienta muy poderosa para educar en valores. Todos los niños deberían tener la oportunidad de estudiar al menos los cursos correspondientes a las enseñanzas elementales de música. Lo que se pretende con la educación en valores es que los alumnos aprendan a vivir, y tocar un instrumento musical va a proporcionar ciertos valores que podrán extrapolarse a otros ámbitos de la vida. Así, estudiar música requiere constancia y disciplina. Es necesario dedicar muchas horas al estudio del instrumento. El tiempo que se invierte en la práctica está estrechamente relacionado con el grado de competencia musical. Por otra parte, la participación en agrupaciones musicales promueve la capacidad de relación (de empatizar con los compañeros), la capacidad de comunicar, la cooperación y la solidaridad. 
 
 
 
E.R.M. Para finalizar, ¿qué obra elegiría como regalo musical para nuestros lectores?
 
F.J.B. Esta es la pregunta más difícil que me hacéis pues en realidad son muchas las partituras que escogería. Os voy a recomendar una obra que me trae muy buenos recuerdos y emociones positivas: el Preludio, Coral y Fuga para piano de César Franck. Se trata de una obra muy reflexiva, íntima y llena de pasión. Quiero resaltar el Coral cuya línea melódica está llena de emoción y sentimiento. Espero que os guste.
 
 
 
Disfrutemos de la sugerencia de Francisco José Balsera…
 
 
 
 
 
 
 
Agradecemos enormemente a Francisco José Balsera su amabilidad y el tiempo dedicado para concedernos esta entrevista.

 

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